El Gran Cruce de los Alpes

LOS GUERREROS MEXICANOS SALEN A LA CARRETERA! 🇲🇽🏔️ Después de todos los preparativos y la emoción de ayer, nuestro primer día de ruta comenzó con el briefing de la mañana, repasando juntos el recorrido y todo lo que nos esperaba durante el día. Y entonces, por fin, llegó el momento que todos estábamos esperando: motores encendidos, cascos puestos… ¡y los Guerreros Mexicanos salieron a la carretera! Viena quedó atrás, los Alpes nos esperaban y nuestro grupo finalmente estaba en marcha. Al dejar atrás la capital austriaca, el tráfico de la ciudad fue dando paso poco a poco a carreteras más pequeñas, verdes bosques y las suaves colinas de la Baja Austria. Nuestro primer destino fue un lugar con una historia bastante dramática: **Mayerling**, el antiguo pabellón de caza del príncipe heredero Rodolfo. Hoy, este tranquilo lugar apenas deja entrever los trágicos acontecimientos que lo hicieron famoso, pero fue una primera parada cultural perfecta en nuestro viaje a través de los Alpes. De vuelta sobre las motos, las carreteras se volvían más interesantes con cada kilómetro. Más curvas, más colinas, más sonrisas. Y, por supuesto, ¡no pasó mucho tiempo antes de que llegara el momento de nuestra primera parada oficial para tomar un buen café! **Kalte Kuchl** no es simplemente otro café al lado de la carretera. Es un legendario punto de encuentro para los motociclistas austriacos y, en un hermoso día de ruta, se pueden encontrar motos de todo tipo estacionadas frente al local. Nos unimos a los demás motociclistas, pedimos nuestros cafés y disfrutamos del ambiente. ¡Los Guerreros Mexicanos ya empezaban a formar parte de la escena motociclista austriaca! Pero el café solo puede mantener en marcha a ocho guerreros hambrientos durante un tiempo limitado. Nuestro siguiente destino fue **Mariazell**, uno de los lugares de peregrinación más famosos de Austria. Después de estacionar las motos, nuestra primera prioridad fue un merecido almuerzo. Buena comida austriaca, excelente compañía y muchas historias sobre nuestros primeros kilómetros juntos: el grupo ya estaba encontrando su ritmo. Con las energías renovadas, dedicamos un poco de tiempo a conocer el pueblo y visitar la impresionante **Basílica de Mariazell**, antes de volver a subirnos a las motos y continuar nuestro viaje. Las carreteras nos llevaron cada vez más adentro de las montañas, y nuestra última gran parada del día no podía ser más diferente de la tranquila atmósfera de Mariazell. **Erzberg.** La enorme montaña de mineral de hierro apareció frente a nosotros como un paisaje de otro mundo. Pero para los amantes de las motos, Erzberg significa mucho más que minería. Aquí se celebra el legendario **Red Bull Erzbergrodeo**, una de las carreras de hard enduro más duras y espectaculares del planeta. Al contemplar la gigantesca mina y sus empinadas laderas, probablemente a todos nos pasó el mismo pensamiento por la cabeza: **¡Por suerte nosotros nos quedamos sobre el asfalto! 😄** Desde Erzberg disfrutamos de los últimos kilómetros de nuestro primer día de ruta rumbo a **Admont**, rodeados de un paisaje alpino que se volvía cada vez más espectacular. Cuando finalmente los motores se apagaron frente a nuestro hotel, el Día 1 quedó oficialmente completado. Hoy tuvimos nuestra primera muestra de todo lo que nos espera durante las próximas dos semanas: historia austriaca, cultura motociclista, carreteras increíbles, montañas impresionantes, mucha buena comida y, lo más importante, el comienzo de una gran aventura juntos. **Los Guerreros Mexicanos han entrado oficialmente en los Alpes. 🇲🇽🏍️** Y esto fue solo el calentamiento. Mañana las montañas serán más grandes, las carreteras subirán más alto… ¡y la aventura continúa! **Saludos desde Admont,** **Gabor & Ariel**
Después de un primer día **exitoso a más no poder**, cargado de recorridos espectaculares y kilómetros de pura aventura, llegó el momento de arrancar nuestro segundo día. Nuestros guerreros ya habían tenido una jornada completa para conocer a sus máquinas y, después de domar esos motores, se sentían cada vez más cómodos sobre ellas. Así que, a partir de ahora, comenzaba oficialmente la etapa de **puro disfrute**. Aunque, para ser sinceros, el día decidió ponernos a prueba desde el primer kilómetro. La mañana nos recibió con lluvia, así que no nos quedó más remedio que ponernos el equipo impermeable por encima de nuestros trajes. Porque si hay algo peor que mojarse por la mañana, es mojarse por la mañana y pasar el resto del día húmedo dentro del traje. Pero la lluvia no iba a detener a nuestros guerreros. A pesar del clima y de un poco de tráfico en el camino, llegamos a **Hallstatt** sin ningún problema. Y el timing no pudo haber sido más perfecto: apenas nos quitamos los cascos, las nubes comenzaron a abrirse y los primeros rayos de sol acariciaron nuestros rostros. Y entonces apareció Hallstatt. **¡Qué lugar!** Hallstatt es la definición perfecta de un **pueblito de cuento de hadas**. Un lago cristalino que parece una gigantesca alberca —o *pileta*, como le diría Ariel :)—, casas aferradas a la ladera de la montaña, iglesias tradicionales, una pequeña plaza de mercado y rincones que parecen haber sido diseñados específicamente para una película. Caminar por Hallstatt es como entrar directamente en un set de Hollywood. Pero no se dejen engañar por su apariencia de fantasía: **aquí vive gente de verdad**. Y entre turistas, casas y paisajes de postal, uno no puede evitar preguntarse cómo debe ser despertar cada mañana con semejante escenario frente a la ventana. Después de una merecida pausa en un café con vista al lago, comenzamos a caminar para descubrir el pueblo con un poco más de calma. Bebimos agua de la montaña, más pura que cualquier agua embotellada que podamos comprar, y, por supuesto, aprovechamos para llevarnos algunos souvenirs. Entre ellos, unos pequeños frasquitos de **sal original de la mina de Hallstatt**. Y hablando de sal, aquí viene un dato curioso: el nombre *Hallstatt* está relacionado literalmente con un **lugar de sal**, y no es casualidad. La región es famosa por su mina de sal, cuya historia se remonta nada menos que a la **Edad de Bronce**. Pero el verdadero *highlight* de nuestra visita fue la **Iglesia de Maria am Berg**, desde donde disfrutamos de unas vistas espectaculares del lago. Y detrás de su cementerio nos esperaba algo todavía más sorprendente. Una pequeña habitación que alberga la famosa **Charnel House**, donde se conservan cráneos humanos decorados. La tradición puede resultar impactante para muchos visitantes: algunas personas pueden establecer en su testamento que, después de ser enterradas y transcurridos aproximadamente diez años, sus restos sean exhumados y sus cráneos decorados y expuestos en este lugar. Una tradición fascinante, inquietante y absolutamente diferente a cualquier cosa que uno espera encontrarse durante un paseo por un pueblo alpino. Después de nuestro recorrido por Hallstatt, volvimos a montar nuestras máquinas y seguimos adentrándonos en los Alpes. Y apenas **20 o 25 minutos después**, hicimos una parada para comer en un restaurante verdaderamente especial, atendido por toda una familia: **abuela, madre e hija**. Allí comimos como auténticos reyes, pero la comida no fue lo único memorable. Frente a nosotros se extendía un paisaje indescriptible de los Alpes. Podríamos habernos quedado allí durante horas, contemplando las montañas, tomando café y simplemente dejando que el tiempo pasara. Pero el camino nos llamaba. Y el día todavía tenía mucho más para nosotros. Llegaron nuestros **primeros pasos de montaña** —o *pasitos*, mejor dicho, comparados con lo que nos esperaba durante los próximos días—. Por suerte, el tráfico no estaba demasiado pesado y pudimos empezar a combinar unas curvas preciosas con una buena dosis de adrenalina. Y ahí fue cuando las motos comenzaron a hablar. Curva tras curva, pudimos disfrutar a pleno de la potencia de nuestras máquinas, sintiendo cómo los motores respondían mientras el paisaje alpino se desplegaba a nuestro alrededor. **Esto era exactamente lo que habíamos venido a buscar.** La llegada al hotel fue tranquila y sin contratiempos. Pero, para nuestra sorpresa, **el día todavía no había terminado**. El hotel donde nos hospedamos escondía un verdadero tesoro para cualquier amante del mundo del motor: **un museo de autos y motos antiguos con más de 200 vehículos**. Desde un Ford Model A hasta Porsches, Jaguars y Mercedes-Benz, aquel lugar era prácticamente un paraíso para los amantes de los motores como nosotros. Después de un día cargado de kilómetros, paisajes, curvas, historia y máquinas, finalmente llegó el momento de sentarnos a cenar y disfrutar de un merecido descanso. Aunque, en el fondo, sabíamos que el descanso sería breve. Porque al día siguiente nos esperaba **el primer gran reto del viaje**. Una carretera legendaria. Un gigante de los Alpes. Uno de esos lugares que cualquier motociclista sueña con conquistar al menos una vez en la vida. **El famoso Grossglockner nos esperaba.** Y nosotros estábamos listos. Los saludamos desde **Kaprun**, **Gabor y Ariel**
DEL GROSSGLOCKNER A LOS DOLOMITAS 🏍️🏔️🇮🇹 Después de la gran tormenta del día anterior, salimos de Kaprun por la mañana con un clima que poco a poco empezaba a mejorar. Las nubes fueron desapareciendo y, cuando llegamos a la legendaria Carretera Alpina del Grossglockner, el sol ya nos acompañaba y la temperatura comenzaba a subir. ¡Un comienzo perfecto para un gran día en las montañas! Una vez pasada la entrada, la carretera estaba lista para que la disfrutáramos. Las curvas comenzaron de inmediato… y también las sonrisas. Nuestra primera parada fue en Edelweissspitze, donde el espectacular panorama de las montañas merecía, por supuesto, unas cuantas fotos. Desde allí continuamos hacia el corazón de la región del Grossglockner, rumbo a Kaiser-Franz-Josefs-Höhe, con sus impresionantes vistas de la montaña más alta de Austria y los glaciares que la rodean. Pero todavía nos quedaba un largo camino por delante. Dejando atrás el Grossglockner, continuamos hacia el sur y paramos en Sillian para almorzar en un pequeño restaurante local. Con las energías renovadas, volvimos a las motos y poco después llegamos a la frontera italiana. Por supuesto, ¡entrar en otro país durante nuestra aventura alpina merecía una foto de grupo! Benvenuti in Italia! 🇮🇹 Nuestra primera parada en Italia fue el precioso Lago Misurina, rodeado por los espectaculares picos de los Dolomitas. Una breve parada para tomar algunas fotos nos dio la primera muestra del increíble paisaje que nos acompañaría durante el resto del día. Y entonces comenzó la verdadera diversión en los Dolomitas. El Passo Tre Croci fue nuestra introducción, seguido por Cortina d’Ampezzo y después, uno tras otro, algunos de los famosos puertos de montaña de la región: Passo Falzarego, Passo Valparola y Passo Gardena. El paisaje había cambiado por completo. Impresionantes picos rocosos se elevaban sobre nosotros, mientras las carreteras serpenteaban entre las montañas con curvas y horquillas que parecían no terminar nunca. Esto era exactamente lo que habíamos venido a buscar en los Alpes. Después de un largo y espectacular día sobre las motos, finalmente descendimos hacia Val Gardena y llegamos a nuestro hotel. Desde el Grossglockner en Austria hasta el corazón de los Dolomitas italianos: dos países, carreteras de montaña legendarias, nuestros primeros pasos dolomíticos e innumerables curvas por el camino. Nada mal para el Día 3! 🏍️🏔️ Y mañana? Nos esperan aún más Dolomitas. Saludos desde Val Gardena, Gabor & Ariel
Hoy sería nuestro primer día de descanso durante el viaje. Esto significaba que pasaríamos dos noches consecutivas en el mismo hotel, una verdadera rareza en esta aventura sobre dos ruedas. Por fin teníamos la oportunidad de dormir un poco más por la mañana y tomarnos la tarde con calma. Pero, al parecer, nuestros guerreros mexicanos no habían tenido suficiente de las Dolomitas el día anterior. Así que, en lugar de descansar como cualquier mortal, decidimos volver a montar nuestras motos y emprender un paseo corto de aproximadamente 100 kilómetros. Corto, sí. Tranquilo… eso estaba por verse. Al salir de la bella Santa Cristina de Val Gardena nos encontramos con algo de tráfico, que logramos sortear sin mayores problemas antes de poner rumbo al Passo Sella. Sin embargo, esta vez decidimos no detenernos demasiado. Lo que nos esperaba en nuestra siguiente parada prometía ser aún más espectacular. Nuestro destino era el famosísimo y bellísimo Lago di Carezza, conocido también como Karersee en alemán. Sin lugar a dudas, era uno de esos lugares que simplemente había que ver. Un verdadero must-see de las Dolomitas. Y cuando finalmente llegamos, entendimos por qué. Las vistas que tuvimos el privilegio de contemplar —y de intentar capturar con nuestras cámaras— parecían sacadas de una postal, o incluso de una obra de arte. El agua del lago, los colores, la tranquilidad del lugar y las imponentes montañas que lo rodeaban creaban un paisaje difícil de describir con palabras. Y como si toda esa belleza no fuera suficiente, detrás del lago se alzaba majestuosa la cadena montañosa del Latemar, como un gigantesco guardián de piedra custodiando aquellas aguas. Después de una caminata alrededor del lago y de disfrutar de un merecido café, llegó el momento de emprender el regreso al hotel. Pero, por supuesto, no íbamos a volver por el mismo camino. Porque si algo hemos aprendido durante este viaje es que, para un guerrero de las carreteras, el camino de regreso nunca tiene por qué ser el mismo. Esta vez atravesamos el Passo Nigra, un puerto de montaña repleto de curvas que parecían no tener fin. Una tras otra, las curvas nos llevaron serpenteando entre las montañas hasta devolvernos, una vez más, al ya conocido Valle de Gardena. Y aunque aquel recorrido había sido relativamente corto, las Dolomitas volvieron a demostrarnos que no hace falta recorrer cientos de kilómetros para vivir una gran aventura. La llegada temprana al hotel nos permitió recorrer un poco el pueblo, descubrir algunos de sus rincones y, cómo no, rendir homenaje a otra de las grandes tradiciones italianas: la comida. Porque después de tantas curvas, montañas y kilómetros, nuestros guerreros necesitaban reponer fuerzas. Ya lo dice el famoso dicho: “Donde fueres, haz lo que vieres.” Y si estás en Italia… hay que comer como los italianos. Con el sol comenzando a caer sobre las montañas y otro día de aventura llegando a su fin, nuestros guerreros mexicanos podían finalmente bajar las armas —por lo menos hasta el día siguiente. Los saludan desde el Valle de Gardena, Gabor y Ariel
## Tres pasos hacia Austria Luego de un día de paseo por las Dolomitas, nos tocaba decirle adiós a estas formaciones montañosas tan particulares. La ruta nos llevaba nuevamente hacia Austria y, aunque dejábamos atrás uno de los paisajes más espectaculares del viaje, el día que teníamos por delante prometía estar a la altura. Porque esta vez no tendríamos uno, ni dos, sino **TRES pasos de montaña**. Y cada uno de ellos sería, por sí solo, digno de una postal. El día comenzó con algo de tráfico a lo largo de la carretera principal, pero no tardamos en dejar esos caminos atrás. Es que, como ya se habían dado cuenta nuestros guerreros mexicanos, Edelweiss conoce caminos que los navegadores convencionales jamás recomendarían. Después de una curva a la izquierda y de atravesar un túnel, aparecieron ante nosotros unos caminos rurales donde el paisaje parecía sacado de otra época. Granjas, tractores y ganado nos acompañaban mientras avanzábamos por carreteras cada vez más pequeñas. Y este último también se podía oler un poco... A pesar de que este tramo de conducción duró casi dos horas, los paisajes fueron tan espectaculares que hicieron que el recorrido se sintiera como una simple salida rápida. Las montañas, los campos y los pequeños pueblos se sucedían uno tras otro, preparando poco a poco el escenario para lo que realmente habíamos venido a buscar. **La montaña.** Y ahora sí, ya completamente adentrados en ella, llegaba el primer desafío del día: PENSERJOCH Aquí aprovechamos para hacer una pausa, descansar un poco y disfrutar de un café bien calentito. Es que, a estas alturas, la temperatura siempre se encarga de recordarnos que estamos lejos del nivel del mar y que cada metro ascendido tiene su precio. Como manda la tradición, llegó también la obligatoria fotografía junto al cartel del paso. Porque si no hay foto con el cartel, ¿realmente estuvimos allí? Con la evidencia fotográfica asegurada, nos dispusimos a continuar hacia nuestro segundo paso de montaña: ### JAUFENPASS Aquí la parada fue un poco más rápida, pero con semejantes vistas era difícil tener prisa. Las montañas se extendían frente a nosotros y, por momentos, daban ganas de apagar los motores, quedarse allí y simplemente contemplar el paisaje. Pero todavía nos esperaba mucho camino. El almuerzo de aquel día tendría lugar en un sitio muy especial: **la casa donde nació el legendario luchador por la libertad tirolés, Andreas Hofer**. Andreas es conocido por haber liderado la rebelión tirolesa contra las fuerzas napoleónicas, convirtiéndose en uno de los grandes símbolos de la resistencia y la identidad del Tirol. Rodeados de artefactos históricos relacionados con su vida y su lucha, aprovechamos para recargar nuestros propios depósitos. Porque incluso los guerreros necesitan combustible. Con los estómagos llenos y las energías renovadas, estábamos listos para afrontar el último desafío del día. ### TIMMELSJOCH Y este sería, sin duda, el paso más especial de la jornada. Por varias razones. Está situado justo en la frontera entre Italia y Austria. Fue el más alto de los tres pasos que cruzamos. Alberga un impresionante museo de motocicletas... Y, sí, era el único por el que había que pagar para pasar. Pero, como pronto descubriríamos, cada euro tendría su recompensa. Una vez llegados a la cima, pudimos contemplar la impresionante **corona de espinas**, un monumento que recuerda a los visitantes las luchas, sacrificios y dificultades que el pueblo tirolés ha enfrentado a lo largo de su historia. Pero estas montañas guardan secretos mucho más antiguos. Fue precisamente en esta región donde se encontró al famoso **Ötzi**, el hombre de hielo. Un hombre de la Edad de Cobre que murió hace más de 5.000 años y cuyo extraordinario estado de conservación permitió a los científicos aprender muchísimo sobre la vida de los seres humanos de aquella época. Su cuerpo permanece preservado hasta el día de hoy en el **Museo de Arqueología del Tirol del Sur**, en Bolzano, donde continúa siendo estudiado mediante nuevas técnicas a medida que avanza la ciencia y la tecnología. Después de semejante viaje por la historia, todavía nos quedaba una última parada. Y esta vez sería un verdadero paraíso para nosotros. ### TOP MOUNTAIN MOTORCYCLE MUSEUM El increíble **TOP Mountain Motorcycle Museum** nos esperaba con una exposición de casi **600 motocicletas** de diferentes épocas, estilos y procedencias. Para amantes de los motores y de las dos ruedas como nosotros, aquello era prácticamente entrar al paraíso. Entre máquinas históricas, auténticas joyas de la ingeniería y motocicletas que forman parte de la historia del motociclismo, se nos pasó el tiempo volando. Y, como buenos viajeros, no podíamos marcharnos sin disfrutar de un café en la terraza del museo mientras contemplábamos una vez más las montañas que habíamos atravesado. Finalmente, llegó el momento de continuar hacia nuestro hotel. Allí nos esperaba una gran cena y, como no podía ser de otra manera, la noche terminó entre risas, comida y recuerdos de las aventuras vividas durante el día. Pero mientras repasábamos las anécdotas, todos teníamos presente una cosa. Mañana llegaría el gran desafío de este viaje. El paso que todo motorista debería recorrer al menos una vez en la vida. 48 curvas en su lado norte. 34 curvas en su lado sur. Y una historia que lo convirtió en leyenda. Mañana nos enfrentaríamos al mítico... # **PASSO STELVIO** **Los saludan desde Sölden,** **Gabor y Ariel**
Finalmente, había llegado el día para el que todos nos veníamos preparando mentalmente. Aquí hay un antes y un después. Porque dicen que ningún motociclista vuelve a ser exactamente el mismo después de enfrentarse al máximo de los desafíos: el legendario **Passo Stelvio**. Pero no se dejen engañar. El Stelvio sería, sin duda, el gran protagonista de la jornada, pero no sería el único *highlight* del día. Todavía teníamos varias sorpresas guardadas bajo la manga. Luego de nuestro *daily briefing*, nos dirigimos hacia el norte para conocer un pequeño pueblo de Austria llamado Mieming. Para quien no sepa mucho de motos, Mieming podría parecer simplemente otro tranquilo pueblo en el corazón del Tirol. Pero para los entendidos como nosotros, aquel lugar tiene una importancia mucho mayor. Porque aquí se encuentra nada más y nada menos que el centro del universo de las motos. Las oficinas centrales de Edelweiss Bike Travel. Allí fuimos recibidos por sus dos CEOs, Rainer y Tobias, quienes nos abrieron las puertas y nos permitieron conocer un poco más de todo aquello que ocurre detrás del escenario y que hace posible que nosotros podamos disfrutar de un gran tour sin contratiempos. Y cuando uno conoce las dimensiones de la operación, entiende que no se trata de una empresa pequeña. Más de 200 motos. Casi 75 guías. Tours recorriendo diferentes partes del mundo prácticamente en todo momento. Mientras nosotros disfrutábamos de nuestro viaje, en algún otro rincón del planeta, otro grupo de aventureros probablemente ya estaba arrancando sus motores. Durante la visita también aprovechamos para conversar sobre las opciones para el próximo tour del grupo el año que viene. Y quién sabe... Quizás la próxima aventura nos encuentre nuevamente juntos, acompañados tal vez... Después de la visita, llegó la hora de dirigirnos hacia nuestro almuerzo. Ariel había prometido una comida de una o dos estrellas Michelin. Y, para ser justos, no defraudó. Lo que no esperábamos era que el restaurante tuviera una vista espectacular al río, mesas al aire libre y... caballos. Es que Gabor nos tenía preparada una sorpresa: un picnic impresionante en plena naturaleza, acompañado de un inesperado espectáculo ecuestre especialmente preparado para nuestro disfrute. Entre salamis, mortadelas, quesos, bebidas y, sobre todo, muchas risas, disfrutamos de uno de esos momentos que terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables del viaje. El ambiente era tan relajado que incluso comenzamos a pensar que una siesta sería una excelente idea. Pero no. La hora de dormir todavía no había llegado. El verdadero desafío nos estaba esperando. Ahora sí. Nos dirigíamos hacia el famoso Passo Stelvio. Sin dudarlo, nuestros guerreros mexicanos se montaron sobre sus caballos del siglo XXI y pusieron rumbo a la batalla. Y qué batalla. Pero nuestros guerreros no habían llegado hasta allí para rendirse ante una montaña. Ni un tractor. Ni un autobús. Ni siquiera una carrera de bicicletas. Nada podría interponerse en la determinación de este grupo. Curva tras curva, fuimos conquistando el Stelvio. Una, otra y otra más, hasta que finalmente alcanzamos la cima. Lo habíamos conseguido. Y la recompensa fue incluso mejor de lo que esperábamos. Desde el punto más alto accesible en moto, pudimos contemplar aquello que acabábamos de conquistar. Y desde la terraza del café del bar, las últimas curvas se extendían ante nuestros ojos con un nivel de detalle impresionante. Al menos las últimas veinte curvas podían verse serpenteando montaña abajo. Después de haberlas recorrido una por una, contemplarlas desde arriba producía una sensación difícil de explicar. Orgullo. Satisfacción. Y la certeza de haberlo conseguido juntos. En el rostro de cada uno de nosotros se podía ver lo mismo. Entonces llegó el momento de decirlo en voz alta: ¡LO HEMOS CONSEGUIDO! Pero la montaña todavía tenía una última carta bajo la manga. Ahora tocaba bajar. Y qué bajada. Curvas amplísimas, vistas despejadas y cascadas interminables nos acompañaron durante el descenso, guiándonos nuevamente hacia el valle. Desde allí emprendimos camino hacia Livigno, donde pasaríamos la noche. Al llegar, nos recibieron con unos tragos bien merecidos. Porque una conquista semejante no podía terminar simplemente apagando el motor y yéndose a dormir. El Stelvio había caído. Y aquello merecía un último festejo. Entre brindis y sonrisas, celebramos un día que seguramente quedaría grabado para siempre en la memoria de cada uno de nosotros. Pero la aventura todavía no había terminado. Mañana nos tocaría cruzar la frontera hacia el tercer país de nuestro viaje: Suiza. Y allí entraríamos en un territorio donde los errores en la carretera pueden salir bastante caros. La policía tiene tolerancia cero con los excesos de velocidad y las multas pueden llegar incluso por pequeños excesos sobre el límite permitido. Después de haber conquistado el Stelvio, nuestros guerreros mexicanos tendrían que enfrentarse a un enemigo completamente diferente: el velocímetro. Porque en Suiza, cada kilómetro por hora cuenta. Los saludan desde Livigno, Gabor y Ariel.
PUERTOS SUIZOS, AUTOS CLÁSICOS Y PAISAJES ALPINOS 🇨🇭🏍️🏔️ Después de un delicioso desayuno en Livigno, llegó el momento de volver a subirnos a las motos. Nuestro destino de hoy era Maloja, pero como siempre, llegar hasta allí sería mucho más importante que simplemente alcanzar el destino. Subimos desde Livigno hacia Forcola di Livigno y, casi sin darnos cuenta, cruzamos la frontera y entramos en Suiza por primera vez en nuestro viaje. Casi inmediatamente, el espectacular Paso de Bernina recibió a los Guerreros Mexicanos con sus increíbles paisajes alpinos. Por supuesto, unas cuantas fotos en el puerto eran obligatorias, y durante el recorrido también pudimos disfrutar de una magnífica vista del glaciar Morteratsch. ¡Bienvenidos a Suiza! 🇨🇭 Desde Pontresina giramos hacia el norte y pusimos rumbo a nuestro siguiente desafío, el Paso de Flüela. El sol de la mañana fue dando paso poco a poco a las nubes y, justo antes de llegar al puerto, nos alcanzó una ligera lluvia. Nada serio, solo lo suficiente para recordarnos que el clima alpino siempre sabe cómo mantener las cosas interesantes. En lo alto llegó el momento de tomar un café, hacer algunas fotos y disfrutar de una pequeña pausa antes de continuar hacia Davos. A la hora del almuerzo llegamos al centro de Davos y encontramos un agradable restaurante donde pudimos relajarnos y recargar energías. Mientras disfrutábamos de la comida, algo estaba sucediendo afuera: ¡el sol estaba ganando su batalla contra las nubes! Cuando volvimos a las motos, el cielo azul y el sol nos estaban esperando de nuevo. El momento perfecto, porque el siguiente en nuestra lista era el legendario Paso de Albula. Durante todo el día, los Guerreros Mexicanos se encontraron una y otra vez con otro grupo de viajeros que disfrutaban de las carreteras alpinas de una manera muy diferente. Hermosos Jaguar clásicos aparecían una y otra vez, recorriendo aparentemente una ruta similar a la nuestra, pero en sentido contrario. De vez en cuando nuestros caminos se cruzaban, dándonos otra oportunidad para admirar aquellas maravillosas máquinas. Sobre dos ruedas o sobre cuatro, ¡el amor por las grandes carreteras es el mismo! Cuando llegamos al Paso de Albula, nuestra parada prevista para tomar café vino acompañada de una pequeña sorpresa. El restaurante estaba cerrado por un evento privado, así que después de hacer algunas fotos continuamos bajando la montaña. No hubo problema: al pie del puerto encontramos un pequeño y encantador lugar donde finalmente pudimos disfrutar de nuestro merecido café. Desde allí, la carretera nos llevó hacia St. Moritz. Nos detuvimos a orillas del lago, donde la vista sobre el agua hacia la famosa ciudad alpina nos ofreció el escenario perfecto para tomar unas magníficas fotografías. Después de repostar las motos, solo nos quedaba un último y hermoso tramo para terminar el día. Continuamos hacia Maloja bordeando el lago de Sils (Silsersee), rodeados de montañas, agua y ese paisaje tan característico de la región de Engadina. Poco después, los Guerreros Mexicanos llegaron a Maloja y estacionaron sus motos frente al precioso Hotel Schweizerhaus. Con su tradicional estilo de chalet suizo de madera, el hotel parece formar parte natural de este paisaje alpino. Construido en 1882, lleva más de 140 años recibiendo viajeros, aunque parte de su historia se remonta aún más atrás. Un lugar realmente especial para llamar hogar por una noche después de otro día inolvidable sobre las motos. Otro fantástico día de ruta quedaba atrás: puertos de montaña, un poco de lluvia, mucho sol, glaciares, lagos, Jaguars clásicos, buena comida e innumerables curvas. ¡Nada mal para nuestra primera experiencia en Suiza! 🇨🇭🏍️ Saludos desde Maloja, Gabor & Ariel
## Tres pasos, dos países y una nueva aventura Ayer habíamos pasado nuestra primera noche en Suiza: **el país de los bancos, el chocolate y las montañas**. Las siguientes tres noches las pasaríamos dentro de territorio suizo, pero eso no significaba que nuestro recorrido se limitaría a un solo país. En esta parte del mundo, las fronteras políticas no siempre siguen la lógica de la geografía. Los caminos se construyen a través de los valles, y los valles, por supuesto, no entienden de fronteras internacionales. Así fue como, después de salir de nuestro hotel en Maloja por la carretera principal, nos encontramos, poco tiempo después, con la frontera italiana. Y allí comenzaría nuestra primera aventura del día. Nuestra primera parada serían las no tan conocidas cataratas dell’Acquafraggia. Tal vez no sean tan grandes ni tan imponentes como las cataratas del Iguazú, pero eso no significa que no valiera la pena detenerse. El rocío del agua nos refrescó considerablemente durante aquella calurosa mañana y aprovechamos para tomar unas cuantas fotografías. Para nuestra sorpresa, estábamos completamente solos en el parque. Por unos minutos, aquel rincón de los Alpes parecía ser exclusivamente nuestro. Pero el verdadero desafío del día todavía estaba por comenzar. Nos esperaban tres de los pasos de montaña más famosos de Suiza: SPLÜGENPASS. SAN BERNARDINO. GOTTHARD PASS. Antes de enfrentarnos al primero, hicimos una parada estratégica. Todavía en Italia, nos detuvimos a tomar un café frente al hermoso Lago di Montespluga. Y aquí debemos hacer una importante aclaración. Los cafés italianos son muy superiores a los suizos. Y, además... ¡Muchísimo más baratos! Con las baterías —y la cafeína— completamente recargadas, llegó el momento de volver a montar nuestras motos y cruzar nuevamente la frontera. Ahora sí. Suiza nos esperaba. Nuestro primer objetivo sería el **Splügenpass**. Lamentablemente, en esta ocasión no pudimos detenernos debido al tráfico. Pero no se preocupen: todavía quedaban muchas montañas por conquistar, y nos aseguraríamos de hacer una buena parada en el siguiente paso. Y vaya que valió la pena. El **Passo San Bernardino**, situado a 2.066 metros sobre el nivel del mar, nos recibió con un paisaje espectacular. En la cima, un hermoso lago rodeado por imponentes montañas parecía estar esperándonos. Esta vez no había excusas. La fotografía con el cartel era obligatoria. Después de atravesar dos de los pasos más famosos de Suiza, llegó el momento de detenernos para almorzar. Y esta vez encontramos un restaurante bastante sencillo, pero con una característica muy poco común: tenía su propia cascada en el patio trasero. ¿Qué más se podía pedir? Aprovechamos para refrescarnos con el agua proveniente directamente de las montañas, aunque algunos miembros del grupo parecían estar considerando seriamente meterse de cuerpo entero. Los trabajadores del restaurante estaban bastante ocupados, pero eso no tardó en cambiar. Como suele suceder durante nuestros viajes, no pasó mucho tiempo antes de que comenzáramos a conversar, reír y hacer nuevos amigos. Entre risas y conversaciones en nuestro particular idioma improvisado —una mezcla de italiano y español que podríamos bautizar como **“italoespañol”**— disfrutamos de unas deliciosas pizzas y pastas. Pero todavía nos quedaba el gran desafío del día. El tercero y, probablemente, el más exigente de nuestros pasos: GOTTHARD PASS. O **Gotardo**, en italiano. Sin embargo, el camino hacia allí no sería tan divertido como esperábamos. Suiza tiene una reputación bien conocida entre los motoristas. Aquí, los límites de velocidad se respetan. Y no precisamente porque todos los conductores sean naturalmente pacientes. En Suiza, las autoridades tienen una postura muy estricta frente a los excesos de velocidad, por lo que obedecer los límites no es simplemente una sugerencia. Uno nunca sabe qué puede estar esperando después de la siguiente curva. Así que nuestros guerreros mexicanos tuvieron que hacer algo que no siempre resulta sencillo para un motociclista: **Mirar constantemente el velocímetro.** Al menos fue bueno comprobar que los motociclistas suizos también seguían las mismas reglas. Y ya saben cómo dice el dicho: “Cuando estés en Suiza, haz como los suizos.” Afortunadamente, aquel tramo de carretera relativamente tranquilo quedó rápidamente en el olvido en cuanto comenzamos el ascenso hacia el Gotthard. Ahora sí. La montaña volvía a hablar nuestro idioma. Horquillas cerradas, curvas técnicas y una histórica carretera de adoquines nos llevaron poco a poco hacia la cima. Cada curva nos acercaba un poco más a nuestro destino, hasta que finalmente llegamos al Lago della Piazza. Allí aprovechamos para tomar algunas fotografías, disfrutar del paisaje y, por supuesto, comprar un par de souvenirs. Porque toda gran aventura merece al menos un pequeño recuerdo. El último tramo del día tendría bastante tráfico, pero, una vez más, nuestros guerreros lograron avanzar siguiendo el ejemplo de los motoristas locales. Finalmente, llegamos a nuestro hotel en Andermatt sin mayores contratiempos. Y, para nuestra suerte, todavía teníamos tiempo suficiente para disfrutar de las instalaciones antes de la cena. Después de un día cruzando fronteras, atravesando valles, conquistando pasos de montaña y haciendo nuevos amigos, los motores finalmente podían descansar. Los saludan desde Andermatt, Gabor y Ariel.
TRAS LAS HUELLAS DE JAMES BOND 🇨🇭🏍️🎬 Nuestro día comenzó en Andermatt, en el Radisson Blu, con un excelente desayuno que nos preparó para otra jornada espectacular en los Alpes suizos. Nos reunimos afuera, junto a nuestra furgoneta, para el briefing diario y, justo en ese momento, empezó a llover. Mientras repasábamos la ruta y todo lo que nos esperaba durante el día, la lluvia se hacía cada vez más intensa y, cuando llegó el momento de arrancar los motores, estaba claro que comenzaríamos la jornada sobre carreteras mojadas. Pero un poco de lluvia no iba a detenernos. Nos dirigimos hacia el famoso Furka Pass y, afortunadamente, el tiempo tenía otros planes. A medida que subíamos, la lluvia fue quedando poco a poco atrás, desplazándose en dirección contraria a nosotros. Nuestra primera parada fue muy especial, sobre todo para los amantes del cine: la famosa curva de James Bond de Goldfinger. Allí estuvimos exactamente en el lugar donde Sir Sean Connery apareció como James Bond durante el rodaje de la legendaria película de 1964. ¡Por supuesto, había que hacer una foto! Un poco más arriba en el Furka Pass nos esperaba otro pedazo de historia del cine: el histórico Hotel Belvédère. Nos detuvimos frente a este icónico edificio para hacer algunas fotos, con el impresionante glaciar visible detrás del hotel: un escenario perfecto para una de las vistas más famosas del Furka Pass. Después subimos caminando hasta la terraza cercana para disfrutar de las vistas del glaciar del Ródano, antes de regresar a nuestras motos. Desde allí continuamos nuestra ruta por la famosa curva cerrada, siguiendo la misma carretera que James Bond recorrió con su Aston Martin DB5 en Goldfinger. ¡Por unos momentos, estábamos siguiendo las huellas del agente 007! 🏍️🎬 Y esto era solo el comienzo de los grandes momentos del día. Continuamos bajando desde el Furka Pass, solo para empezar a subir de nuevo casi inmediatamente. La siguiente carretera legendaria ya nos estaba esperando: Grimsel Pass. En la cima, finalmente llegó el momento de nuestra primera parada para tomar café, una oportunidad muy bienvenida para entrar en calor y disfrutar del ambiente de montaña. La bajada desde Grimsel fue otro auténtico placer. La carretera se abrió ante nosotros con unas vistas espectaculares de los enormes embalses y presas que se extendían más abajo, mientras los Mexican Warriors disfrutaban curva tras curva durante el descenso. Y finalmente, el tiempo empezó a cambiar a nuestro favor. Las nubes comenzaron a desaparecer, salió el sol y, con cada kilómetro que descendíamos hacia el valle, la temperatura iba subiendo. Después de nuestra salida bajo la lluvia en Andermatt, fue fantástico poder rodar finalmente bajo el cielo azul y el sol. ☀️🏍️ Desde las altas montañas, nuestra ruta continuó por los preciosos valles suizos hasta que, de repente, aparecieron ante nosotros las increíbles aguas turquesas del lago de Brienz. El color parecía casi irreal. Seguimos la carretera junto a la orilla, disfrutando del paisaje hasta llegar a Interlaken, perfectamente situada entre dos lagos. Dejamos atrás el lago de Brienz y el lago de Thun era el siguiente. Y para entonces había otra cosa importante en la mente de todos: ¡el almuerzo! Nos esperaba un precioso restaurante italiano con vistas al lago de Thun. Deliciosa comida italiana, unas fantásticas vistas al lago y la oportunidad de relajarnos después de una mañana ya llena de aventuras hicieron de esta una pausa más que merecida. Furka, James Bond, Grimsel, glaciares, presas y lagos de aguas turquesas… ¡y apenas habíamos llegado a la mitad del día! ¡Qué mañana en Suiza! 🇨🇭🏍️ DE VUELTA A LAS MONTAÑAS Después de nuestro merecido almuerzo, llegó el momento de dejar atrás los lagos y dirigirnos nuevamente hacia las montañas. Pequeñas carreteras nos llevaron a través de tranquilos pueblos suizos y hermosos valles hasta llegar al Col du Pillon. Aquí, el teleférico asciende hasta casi 3.000 metros, dando acceso al espectacular Glacier 3000. Nosotros decidimos quedarnos un poco más cerca del suelo y aprovechamos para hacer una breve pausa antes de volver a subirnos a las motos. Todavía nos esperaba un puerto más. Continuamos hacia el Col de la Croix, sumando otro puerto de montaña a nuestra colección antes de comenzar el largo descenso hacia el valle. Para entonces, el tiempo había cambiado completamente en comparación con nuestra lluviosa salida de Andermatt. El sol brillaba, las carreteras estaban secas y simplemente pudimos disfrutar de las curvas fluidas mientras descendíamos. Una vez en el valle, tomamos la carretera principal hacia nuestro destino final del día: Montreux. Una última parada para llenar los depósitos, asegurándonos de que las motos estuvieran preparadas para el día siguiente, y después entramos en la ciudad a orillas del lago Lemán. El impresionante Château de Chillon, situado justo al borde del agua, nos dio una preciosa bienvenida a Montreux. Después de un largo día que había comenzado bajo la lluvia y que nos llevó por puertos legendarios, glaciares, presas, lagos turquesas e incontables curvas, los Mexican Warriors finalmente pudieron aparcar las motos y relajarse. ¿Y la recompensa? Sentarnos en los balcones de nuestro hotel, contemplando el lago Lemán y disfrutando de las vistas después de otro día inolvidable sobre la carretera. Definitivamente, más que merecido después de la ruta de hoy. 🇨🇭🏍️🏔️ Saludos desde Montreux, Gabor & Ariel
DE LA RIVIERA SUIZA DE VUELTA A LOS ALTOS ALPES 🇨🇭🇮🇹🇫🇷🏍️🌧️🏔️ Hoy nos despedimos de la Riviera Suiza y pusimos rumbo de nuevo hacia los Altos Alpes, con la famosa estación de esquí francesa de Val d’Isère esperándonos al final del día. Pero cuando miramos por la ventana por la mañana, estaba claro que el tiempo definitivamente no estaba de nuestro lado. Una fuerte lluvia caía sobre Montreux y el lago Lemán, y no parecía que fuera a parar pronto. Pero nada podía detener a los Mexican Warriors en su aventura por los Alpes. Con lluvia o con sol, ¡era hora de subir a las motos y salir a rodar! 🏍️🌧️ A medida que dejábamos atrás la orilla del lago y comenzábamos a subir de nuevo hacia las montañas, el clima cambió drásticamente. La temperatura bajó rápidamente, pero, por desgracia, la lluvia siguió acompañándonos. Cuando llegamos a nuestra primera parada para tomar café, en un pequeño restaurante cerca de las Gorges du Durnand, solo había una cosa que todos queríamos: ¡algo caliente! Una buena taza de café humeante era exactamente lo que necesitábamos antes de volver a enfrentarnos al frío y la lluvia. La parte más dura de la mañana todavía estaba por llegar. Dejamos atrás Suiza bajo una lluvia intensa y fuertes vientos, cruzando el túnel del Gran San Bernardo para entrar en Italia, donde pasaríamos las siguientes horas. 🇮🇹 Y finalmente, las cosas empezaron a mejorar. Mientras Suiza desaparecía detrás de nosotros, también lo peor de la lluvia iba quedando atrás. Poco a poco el cielo comenzó a aclararse y, en algún punto de nuestra ruta, encontramos un agradable restaurante italiano. Era el lugar perfecto para parar a almorzar y disfrutar de una deliciosa comida local, una pausa más que bienvenida después de una mañana tan fría y mojada. Con el estómago lleno y el cuerpo un poco más caliente, continuamos hacia el siguiente gran momento del día: el Col du Petit Saint-Bernard, el puerto de montaña que conecta el Valle de Aosta, en Italia, con Saboya, en Francia. 🇮🇹🇫🇷 El puerto se encuentra al sur del macizo del Mont Blanc, justo sobre la principal divisoria de aguas de los Alpes, y esta antigua ruta ha sido utilizada durante siglos. La tradición incluso la relaciona con el general cartaginés Aníbal y su legendario cruce de los Alpes. Pero la historia no era la única atracción que nos esperaba allí arriba. Este también era el lugar perfecto para conseguir unos compañeros de viaje muy diferentes: ¡perros San Bernardo de peluche! Los había por todas partes, de todas las formas y tamaños imaginables y, naturalmente, algunos tuvieron que unirse a los Mexican Warriors para el resto de la aventura. 🐶😄 Un café más en el puerto y estábamos listos para la última parte del día. Dejamos el Petit Saint-Bernard bajo un cielo cubierto y con temperaturas muy bajas, pero una vez más las montañas tenían una sorpresa preparada para nosotros. Mientras continuábamos por Francia y ascendíamos por las carreteras alpinas hacia Val d’Isère, el tiempo comenzó lentamente a cambiar. Las nubes empezaron a abrirse y, de vez en cuando, el sol finalmente hacía su aparición. Y, lo más importante, ¡nos esperaban muchísimas curvas! 🏍️🏔️ Curva tras curva, fuimos subiendo cada vez más alto por los Alpes franceses hasta que finalmente llegamos a Val d’Isère, uno de los destinos de montaña y esquí más legendarios de Francia. Nuestro hotel, Avalanche, nos estaba esperando, pero todavía quedaba un pequeño ritual por cumplir. Como siempre, antes de dar por terminado el día, hicimos una última parada para llenar los depósitos y asegurarnos de que las motos estuvieran preparadas para la aventura del día siguiente. Entonces sí, por fin llegó el momento de relajarnos. Antes de nuestra merecida cena, tuvimos tiempo suficiente para disfrutar del spa del hotel e incluso organizar una pequeña competición de dardos. Después de un día largo, frío y mojado sobre las motos, cambiar el equipo de moto por un poco de relajación sentó realmente bien. ¿Y qué mejor manera de terminar nuestra primera noche en los Alpes franceses que con una auténtica especialidad francesa? ¡Fondue! 🫕🇫🇷 Lluvia intensa, fuertes vientos, frío de montaña, tres países, carreteras alpinas, comida local italiana, perros San Bernardo, muchísimas curvas y, finalmente, un poco de sol. ¡Otro auténtico día en los Alpes para los Mexican Warriors! 🇲🇽🏍️🏔️ Saludos desde Val d’Isère, Gabor & Ariel
